La creatividad y los sentidos

Casi siempre que hablamos de disparadores creativos pensamos en palabras o frases sugerentes, pero, ¿por qué quedarse ahí? Aunque las letras son una gran fuente de inspiración, los escritores también somos personas, y tenemos un cuerpo con cinco sentidos perfectos para estimular nuestra creatividad:

Hay quienes dicen que 
las imágenes son más efectivas para despertar la creatividad. Esta afirmación se basa en que, mientras que las palabras designan objetos concretos y tienen en sí mismas una serie de connotaciones culturales, un dibujo puede tener muchas más interpretaciones. Es decir, que el mismo dibujo (una caja de madera, por ejemplo) puede interpretarse como un arcón para guardar la ropa, un cofre del tesoro o un ataúd, dependiendo de a quién se lo mostremos. Lo más importante, si decidimos utilizar imágenes para crear nuestros binomios fantásticos, es recordar que cuanto más aislado esté el objeto de la fotografía, más interpretaciones podrá tener. (Si la misma caja de madera la hubiéramos situado a los pies de una cama, ya no hubiera podido ser un cofre del tesoro ni un ataúd).

La 
música es otro recurso muy plástico a la hora de buscar inspiración, porque, a no ser que tenga letra, tampoco está determinada, sino que se ajusta a nuestro momento emocional y potencia nuestro humor creativo. ¿Cuántas veces habéis escuchado una pieza que os parece bastante alegre y al buscar el título os dais cuenta de que en realidad "hablaba" de un suceso trágico? El sonido es un estímulo mucho más abstracto que las palabras y las imágenes, porque no trabaja con objetos, sino con sentimientos y sensaciones. Por eso, es muy útil para inspirar el "aire general" de un personaje o para escoger el tema de una obra.


El olfato, el gusto y el tacto también pueden utilizarse para despertar la creatividad, pero la mayoría de la gente no los tiene suficientemente desarrollados como para poder explotar todo su potencial. De entre ellos, 
el olfato y el gusto son los "menos inusuales", porque hoy en día tenemos formas de arte que trabajan con ellos, como la perfumería y la cocina. Al ser sentidos de utilización más limitada (salvo para perfumistas y cocineros, por supuesto), los estímulos que nos provocan también son más fuertes: una sola inspiración del perfume que solía llevar un determinado profesor o del ambientador de nuestra casa del pueblo puede ser mucho más inspiradora que cualquier combinación de palabras, y lo mismo pasa con el sabor de los platos que cocinaba nuestra abuela o de nuestro helado favorito de la infancia. 

El tacto
, el sentido eternamente olvidado, también puede transmitir sensaciones muy viscerales: de hecho, muchas fobias y ascos se originan a partir del tacto, (la viscosidad de las medusas, una caricia a contrapelo...) y muchas de las sensaciones más placenteras las percibimos por el tacto (las sábanas de franela en invierno, el agua caliente para lavarse las manos en invierno, la arena entre los dedos de los pies, estirar la espalda después de pasar unas cuantas horas frente al ordenador...). Por desgracia, es también el sentido más infravalorado, por lo que, a pesar de ser uno de los mejores recursos para añadir sensaciones a nuestros textos, no suele funcionar como disparador creativo.

La creatividad no es sólo para los escritores, sino para todos los artistas, y aunque cada uno tenga un sentido predilecto (los músicos el oído, los perfumistas el olfato, etc.) no tenemos por qué limitar nuestros otros sentidos. Abre la ventana y respira, escucha, camina descalzo, pon música, haz experimentos con la cocina, pon un ambientador, o derrocha un poco de perfume. A veces el mejor disparador creativo no está en la mente.

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